martes, 7 de febrero de 2012

PRIMER MISTERIO DE DOLOR: CRUZAR EL BARRANCO SIN ROMPERME LOS HUESOS



 CRUZAR EL BARRANCO SIN ROMPERME LOS HUESOS


PRIMER MISTERIO DE DOLOR:.
La Oración en el Huerto de los Olivos

La Oración en el Huerto la relatan Mateo 26,36-46; Marcos 14, 32-34; Lucas 22, 40-46; Juan 14, 30ss. Para su comprensión bíblica leer Hebreos 5, 7-10; Jeremías 15, 15-18 y 20, 7-9; Éxodo 32, 30-34; Números 11, 11-15.

Está terminando el Seder, la cena ritual del Pesaj, la Pascua, con la cuarta copa de vino, la Hallel, se han cantado los salmos desde el 113 al 118 “Alabad, siervos del Señor / alabad el nombre del Señor / Bendito sea el nombre del Señor….”. Esta cuarta copa, la de la Adoración (es lo que significa Hallel) es la última que se bebe durante la cena. Hay una mas, la que se coloca en el centro de la mesa para que pueda beberla el profeta Elías cuando venga a anunciar la llegada del Mesías (Malaquías 3, 22-24.). En la tradición hebrea, un niño de la casa se levanta de la mesa y va hasta la puerta para abrirla, y ver si está Elías esperando para entrar y hacer el anuncio mesiánico.

No sabemos si había niños en la casa, hijos de la familia a la que pertenecía, en caso de no haberlos tendría que haber ido Juan, por ser el mas joven. En esta cena pascual, la Santa Cena, no hace falta que ninguno de la casa abra la puerta, no esperan al Mesías, ya esta aquí, y no entra, sale, de camino al monte de los Olivos, a orar en el huerto de olivos en el que está el Getsemaní, es decir, el molino de aceite, eso es lo que significa Getsemaní. Para llegar de Jerusalén al monte de los Olivos hay que atravesar el torrente de Cedrón. Es un riachuelo, sólo corre unos meses al año, cuando llueve mucho. La torrenteras de agua han ido excavando un profundo barranco, con algo más de ochocientos metros de profundidad. En las laderas, pedregosas y resecas, se han ido excavando miles de sepulcros desde que se comenzó la ciudad de Jerusalén.

El lugar parece elegido para darnos una catequesis de amor y dolor. Los evangelios citan muchos paseos y oraciones de Jesús en este monte. Ésta es especial, y el lugar también, junto al molino de aceite. El aceite de las olivas de este monte está destinado al Templo, se utiliza para la Menorah, para las otras lámparas del santuario, para las ofrendas, para la unción, para bendecir y sanar. La piedra del molino pasa sobre las olivas aplastándolas, sacando de ellas el aceite “como espesas gotas de sudor que caen al suelo”, no se deben romper los huesos de las olivas, el aceite virgen, el mejor y mas puro, no puede llevar mas que “el sudor” de la carne de la oliva, si entran parte de los huesos o de la semilla ya no es el mejor, el puro. El dolor y la tristeza pasan sobre Jesús como la piedra de molino, aplastándolo.

Ha hecho la oración pública, la litúrgica, cantando los Salmos del Hallel con los discípulos, ahora inicia la oración privada, personal, íntima. Ha buscado el áspero paisaje del monte de los olivos, reseco y pedregoso. Ha buscado la tranquilidad de la zona del Getsemaní. Se ha separado un poco de los discípulos, buscando la soledad para el encuentro de Dios. Hay plenilunio, siempre es luna llena durante el inicio de la Pascua, los olivos, retorcidos, como atormentados, están cubiertos de hojas verde-plateadas que brillan como clavos de acero. Su oración atruena, es un grito de silencio. Se arrodilla, se inclina hasta que su cara toca el suelo, adorando habla con Dios “Padre mío, si es posible, que pase de mi este cáliz” ¿de que cáliz esta hablando?





En la mente de Jesús esta el cáliz, el “Kilix”, la copa grande con asas en que los sacerdotes recogen sangre de los corderos sacrificados para aspergerla después sobre el Arca en el Templo. Es la sangre que limpia el pecado y reconcilia al hombre. Es el cáliz del dolor y del sufrimiento, es la sangre derramada ¿Qué pasa por su mente, que le dice al Padre?




Tal vez le diga que quiere una vida normal, su familia y amigos, que quiere ahorrar el dolor a su Madre y cuidarla como buen hijo, que sufrir no le gusta; que morir no es el problema, pero que la forma y la agonía son terribles. Yo no sé que más pudo decirle al Padre, sabemos que la oración termina diciendo “Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tu”. Los discípulos están dormidos, no están apoyándole en su sufrimiento, seguro que a todos nos suena ese tipo de flaqueza humana, Jesús esta más triste aún, pero se ocupa de ellos, de ayudarles “Velad y orad, para no caer en la tentación…”. De nuevo ora al Padre, de nuevo acepta: “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”. Por segunda vez nos encuentra dormidos, por segunda vez nos alerta. Ora de nuevo, de nuevo dormidos, ahora se da cuenta, mas cuenta aún, de las razones por las que sufre y muere ¡!dormimos!!, somos incapaces de ayudarle en su obra, durmiendo no se establece el Reino. Con amargura y tristeza nos dice “ya podéis dormir y descansar…” Jesús, Cristo, ha asumido la incapacidad del hombre para amar y amarse, para entender la Gracia. Con su pasión y muerte se mostrará el amor infinito de Dios, por este amor la Resurrección, la Gracia. Los discípulos, aquellos y nosotros, estamos como los “habitantes” de los sepulcros, muertos o dormidos, dormidos como los muertos. Esperamos el Reino, esperamos la Resurrección, esperamos, esperamos, sólo esperamos.

En este Misterio de la Oración en el Huerto tenemos el llamamiento a ser las manos de Dios, los artífices de su Obra, los que “estando despiertos” establezcamos el Reino del Amor. También está la inestimable enseñanza sobre el dolor y el sufrimiento, son parte de la vida humana, son consubstanciales a la naturaleza física y emocional del ser humano, son parte del ser humano, como atravesar el Cedrón o quedarse en el, como aceptar la vida al completo con sus alegrías y su dolor, con las dudas y la esperanza. Lo que cada uno hacemos con esos momentos de nuestra vida, con las limitaciones de nuestra naturaleza física y espiritual, es lo que nos acerca a la felicidad o nos distancia de ella, lo que nos acerca a Dios, por nuestro amor o nos separa de Él, por nuestro desamor. Su amor es infinito, el nuestro es hasta donde le dejamos crecer, hasta donde y a quien decidimos darlo. El “hágase tu voluntad” del Padrenuestro y el “Fiat”, el “hágase en mi según tu palabra” de María, están íntimamente relacionados con este misterio.

D. FRANCISCO CASTILLO ÁLVAREZ
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA