sábado, 18 de febrero de 2012

LA COLUMNA DE LOS AZOTES: SEGUNDO MISTERIO DE DOLOR



Segundo Misterio Doloroso

Los azotes que padeció el Señor atado a la columna Jn. 18-28

Amanecía, llevaron a Jesús desde la casa de Caifás al tribunal del gobernador, los judíos no entraron porque ese contacto con los paganos los hubiera hecho impuros, pidiéndoles celebrar la Pascua. Pilatos entonces salió a ellos y les preguntó. ¿De que acusan a este hombre?
Le contestaron: “Si no fuera un malhechor les dijo, no lo habríamos traído ante ti”, Pilatos les dijo: “ Llévenselo y júzguenlo según su ley”. Los judíos contestaron: “No tenemos autorización para aplicar pena de muerte”, con esto se cumplió la palabra que había dicho Jesús, sobre la manera como iba a morir”. Pilatos volvió a entrar en el tribunal, llamó a Jesús y le preguntó, ¿Eres tu el rey de los judíos? Jesús le contestó: ¿Acaso soy judío yo? tu nación y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mi, ¿Qué has hecho? Jesús contestó: “Mi reino no es de este mundo, si yo fuera rey como los de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera en mano de los judíos, pero mi reino no es de acá”.
Pilatos le preguntó: Entonces ¿Tú eres rey?
Jesús contestó:”tú lo has dicho, yo soy rey, para esto nací, para esto vine al mundo para ser testigo de la verdad, todo hombre que está de parte de la verdad escucha mi voz”.
Pilatos le dijo: ¿Qué es la verdad?, y luego salió de nuevo donde estaban los judíos les dijo: “No encuentro ningún motivo para condenar a este hombre. Como es costumbre en la pascua, voy a dejar libre a un reo, ¿quieren que les suelte al rey de los judíos?, “los judíos se pusieron a gritar, a ese no, suelta mejor a Barrabás”. Barrabás era un bandido, entonces Pilatos ordenó que tomaran a Jesús y lo azotaran.   Palabra de Dios.
El hecho de azotar según la ley romana era muestra de crueldad, pues, debido a la pérdida de sangre y agotado por los latigazos el condenado no tardaba en morir en la cruz, acordándose así de su agonía. El condenado suspendido de los brazos se asfixia, para poder respirar necesita apoyarse en los pies y en los brazos suavizando con eso el dolor insoportable del clavo fijado en medio de los pies y de la muñeca, cuando ya no tiene fuerzas para hacer este esfuerzo muere asfixiado.
Los azotes que recibió Jesús son signos de la negación del reino de Dios, del poder que el fuerte ejerce sobre el débil, cuando policías y soldados ya no reconocen en ellos a hombres libres y hermanos suyos con los mismos derechos.
“No piensen que yo vine a traer la paz”, esto lo dijo Jesús en circunstancias sumamente difíciles, púes su nación vivía bajo la ley del ocupante romano, y cualquier mensaje liberador sabía a su versión.
Seguramente sobraban motivos para odiarlo, pero el Evangelio deja constancia de que las acusaciones se concentraron sobre el punto esencial de su enseñanza, condenaron a Jesús porque pretendía un rango divino. El Cristo, el Hijo de Dios, el que se sentará a la derecha de Dios porque en realidad ha nacido de Dios. En ese entonces los jefes de los sacerdotes eran miembros de familias pudientes que peleaban por el puesto, debido a que aprovechaban el dinero del templo y fueron los que entregaron a Jesús por envidia, con el apoyo del pueblo, juzgado por ellos mismos, pueblo que llevaba a sus enfermos para que fueran sanados, que lo siguió sin importarles el hambre, que lo vitoreó a su entrada a Jerusalén, y que finalmente también le dio la espalda. Esta imagen es tan actual a pesar del tiempo transcurrido, nos recuerda a nosotros mismos: mientras que nuestra vida es cómoda, estamos en paz con Dios, pero cuando necesitamos algo y no se nos concede como queremos nosotros, nos volvemos contra él, sin pensar en lo que dijo Jesús, ¿Qué padre le daría a su hijo una piedra si le pidiera un pan? Este pase nos revela el amor del padre por nosotros sus hijos, pidiéndonos siempre fe y confianza en Éll en toda circunstancias de nuestra vida.
Jesús conoció así la traición, el abandono, la ingratitud, la burla, torturas, malos tratos, soledad, sentimientos y acciones muy de este mundo que quiso compartir en nosotros, colocándose al nivel de todos los despreciados de todos los tiempos, los que están sufriendo ante la indiferencia de muchos y la valentía de pocos que se atreven a levantar a los marginados, como lo hizo Cristo, a probarnos verdades incómodas, como lo hizo Cristo, como los que se niegan a inclinarse ante los ricos y poderosos, como lo hizo Cristo, estas maneras de actuar, serán interpretadas en forma política por aquellos que tienen criterios políticos, pero serán interpretadas como gestos de fe por aquellos que viven su fe.
Así pues, el proceso de condenación a muerte de Jesús no es muy diferente de la de nuestros militantes y mártires cristianos. El sólo hecho de relacionarse, de preferencia con los pobres y de educar a la gente del pueblo, para hacer de ellos personas libres y responsables, no constituye un delito en ningún país. Sin embargo, en todos los tiempos ha sido un motivo suficiente para atraer persecuciones, como sucedió en el tiempo en que Jesús predicaba la construcción de un nuevo reino, en cualquier lugar aprovechando cualquier oportunidad, hasta el sacrificio de sí mismo que llevó a la crucifixión por obediencia al Padre y por amor a su creación, nosotros los hombres. Ante esta entrega total, Señor no nos queda más que poner nuestra vida en tus manos, que los azotes y torturas que recibiste no caigan en el olvido, que siempre estén presentes en nuestras vidas, como signo de tu amor hacia nosotros, sin olvidarnos que Tú sigues presente aquí y ahora, en cada uno de nuestros hermanos y que cada cosa que hagamos por ellos y a ellos, lo estamos haciendo también por ti y a ti.

  

 Dª MARIELA HORNA BAGLIETO.
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA