miércoles, 30 de noviembre de 2011

LA ORACIÓN VOCAL, EL DECENARIO


La oración vocal, el decenario.

Las tres oraciones que se rezan en el decenario, están magistralmente ordenadas para ser camino de afirmación en la Fe y, especialmente, para ser la “música” del silencio necesario para la contemplación entre misterio y misterio.
Si en el rosario pedimos Luz para encontrarnos con y en Cristo, y por medio de la Gracia participar de su Gloria, estamos en respuesta a las palabras de Jesús: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7, 7-8)

En el Padrenuestro estamos aprendiendo a orar según Cristo nos enseña, nos indica el modo de comunicarnos con el Padre, esta comunicación con Dios hay que repasarla de continuo, se nos olvida con facilidad su contenido “santificado sea tu nombre….hágase tu voluntad….como nosotros perdonamos”. También estamos aprehendiendo, tomando para nosotros a Dios como Padre, nos reconocemos sus hijos y le reconocemos como Dios.

Las diez Avemarías en sus primeras palabras nos decimos el saludo del ángel a María “salve, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lucas 1, 28), en ese anuncio nos saluda el ángel a cada uno de nosotros y nos prepara para oír el anuncio de la Encarnación que ha de producirse en cada ser humano, en cada cristiano. Cristo se encarna en cada uno de nosotros, nos hace partes de su cuerpo. En el saludo de Isabel esta el reconocimiento y aceptación que hacemos de Cristo, hecho carne de nuestra naturaleza “bendita tu eres entre todas las mujeres” (Lucas 1, 41) y por ese reconocimiento quedo Isabel, y cada uno de nosotros, llenos del Espíritu Santo.
Las avemarías que se rezan en el rosario son la “música”, el suave “runrún” que nos habla de Cristo Dios y hombre. Somos Maria e Isabel y Cristo en todos.
El Gloria es la doxología, la palabra de alabanza. Es una de las oraciones mas antiguas de la Iglesia, con certeza se canta desde el siglo IV. Es fundamentalmente oración trinitaria y un canto de reconocimiento a la Majestad Eterna (como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos). Es en si misma un acto de adoración, por ello es costumbre inclinar la cabeza cuando se menciona a la tres Personas de la Trinidad juntas, en especial durante la Misa (IGMR, canon 275).

Sobre todas las formas de oración:

Mateo 6, 7-14: al orar no repitan palabras inútilmente, como hacen los paganos, que se imaginan que por su mucha palabrería Dios les hará mas caso. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.  Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.


Francisco Castillo Álvarez
Dominicos Seglares de Candelaria

martes, 29 de noviembre de 2011

ORAR EL MISTERIO


Los Misterios del Rosario
Dice el diccionario que misterio es “cosa inaccesible a la razón y que debe ser objeto de fe”. San Alberto Magno, OP., no enseña a utilizar la razón, en todo y, sobre todo, en materia de Fe. Nos dice que por medio de la razón puede conocerse a Dios; todo lo creado procede de Dios, la Causa (Dios) tiene su reflejo en lo causado (creaturas), por ello en lo causado tenemos, aunque pequeños, magníficos reflejos de la Causa.
Siguiendo con san Alberto podemos afirmar que en los Misterios del Rosario, en la Palabra de Dios que contienen, vemos el plan divino de la Gracia. En esos relatos del nacimiento, vida, muerte, resurrección y glorificación de Jesús, vemos el Amor y, si los miramos con la razón, su Causa.



A la pregunta de Tomas Jesús responde: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».  Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta».  Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?. El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: «Muéstranos al Padre»?  ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. (Juan 14, 6-11)

Como en la Lectio Divina debemos seguir los pasos que nos llevan a la contemplación, estos son la lectura, meditación, y oración, y en el más puro carisma de santo Domingo, a dar lo contemplado, es decir amar a Cristo y vivir el Amor.

Camino sin retorno
Para volver al mismo sitio,
No ya de la misma manera,
Siendo a un tiempo otro y el mismo.
Volvemos al Misterio del que partimos,
Misterio que nos sostuvo mientras vivimos.

Sé, Dios, Tu mismo en nosotros.
Encarnado compañero que te hiciste peregrino,
Dios del amor y de la vida,
Que recorriste, como nosotros, este mismo camino.

Lectura del misterio: se debe hacer completa, una o dos frases no contienen toda visión de un texto, más aun cuando ese texto relata un momento transcendente de la historia de la salvación. La propia lectura es conversación, diálogo entre Dios y el hombre, es Palabra de Dios.



Meditación del misterio: a la meditatio se le llama también ruminatio. Hace referencia a la rumia de algunos animales que, para sacar todo el alimento al pasto que comen, mastican y digieren, vuelven a traerlo a la boca y comienzan de nuevo. Rumiar La Palabra es entrar en ella y releerla hasta sacarle toda la “sustancia”.

Orar el misterio: es dejarse llenar de su contenido, vivir en primera persona su historia, unirse a Cristo y dejarse llenar de él. Sentarte junto a María en La Anunciación, adorar en el pesebre de Belén, ser el cirineo. También entender si eres coronado de espinas o eres de los que azotan, si eres de los que gritan “crucifícalo” o estas pidiéndole desde tu cruz que se acuerde de ti, si eres de los que esperan la Resurrección o de los que vigilan la tumba para que no se hable de la Gracia.



Contemplar el misterio: es la conversación, el diálogo, íntimo entre Dios y tu. En la contemplación Dios nos habla con las palabras que hemos leído, meditado y orado, y con las mismas nosotros hablamos con El. La Palabra es el lenguaje en que se habla con Dios.
Dar lo contemplado es amar con el Amor que nos ama. Es dar a los demás del alimento con que nos hemos alimentado, practicar la misericordia, compartir a Cristo en Cristo.

Francisco Castillo Álvarez
Dominicos Seglares de Candelaria

sábado, 26 de noviembre de 2011

EL ROSARIO ENTRE EL PARADIGMA Y LA PARADOJA




EL ROSARIO ENTRE EL PARADIGMA Y LA PARADOJA

¿DEVOCION?
 ¿CATEQUESIS?
 ¿ORACION CONTEMPLATIVA?







Incluso más preguntas podríamos hacernos sobre el rosario. Todas estas definiciones, y más, tienen que ver con este modo de orar. Juntas todas o varias de ellas y por separado, alternadas o seleccionadas por la ocasión. Es oración personal, silenciosa o musitada, comunitaria y coral. El rosario a lo largo de los años, y sobre todo en la actualidad, se encuentra entre el paradigma y la paradoja.

Define el diccionario de la RAE que “paradigma” es: Ejemplo o ejemplar // Conjunto cuyos elementos pueden aparecer alternativamente en algún contexto especificado; sin duda el rosario es paradigma. También, en la actualidad, es “paradoja”: Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas.

Vemos rosarios-objeto utilizados como pulseras, collares, amuletos para vehículos, etc., hay más rosarios a la vista que en ningún tiempo pasado; paradójicamente su rezo es desconocido para la gran mayoría de sus “usuarios”, incluso para gran parte de los católicos. Más aún ¿Cuántos de los que conocen su rezo lo realizan?





Tal vez deberíamos replantearnos que es, o puede ser, para nosotros, individual y colectivamente el rosario. Mirar a los demás sirve de “espejo” y poder ver, en ese espejo, mis propias paradojas, mis propias contradicciones y carencias. No se trata de juzgar, ni de hacer crítica no constructiva, cada uno responde individualmente a su relación con la Fe, con Cristo, con el Cristo que es cada uno de mis prójimos y, sobre todo, con la verdad y luz que aplico y me aplico. El rosario, su rezo consciente y vivido, es una fuente inestimable de Luz, y de las formas en que podemos abrir más nuestras “puertas” a esa Luz, es lo quiero compartir contigo. La vida del cristiano es cristocentrica. Todo en mi ha de mirar a Cristo, que es el camino y la meta, es el principio y el fin, alfa y omega. El rosario mira a Cristo, en el se ve a Cristo, se aprende de Cristo y nos llenamos de su vida, que deberíamos hacer propia. Se reza con María y ella misma nos orienta en la dirección a seguir “haced lo que el os diga” (Juan, 2-5),

Teresa de Jesus nos dice “nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta”

Os propongo un itinerario para el rezo del rosario, tanto en la forma como en modo: Señal de la Cruz ,Credo Invocación, Lectura del Misterio, Meditación del misterio, Contemplación del misterio Padrenuestro, 10 Avemarías, Gloria, Dialogo con Cristo.

Busca un momento adecuado, sin prisas, sin distracciones, sin asuntos o tareas pendientes, que te inquieten. Ten preparados y a mano los textos a leer que corresponden a cada misterio, bien directamente desde la Biblia, bien en una de las múltiples publicaciones que los contienen. Prepárate mentalmente para la ocasión, Dios te habla y tú hablas con El en la Sagrada Escritura, es “palabra de Dios”.

Hablar sabemos todos, hacernos entender es menos fácil. Oír también es sencillo, lo complicado es escuchar. Hablar y escuchar se hace mejor por separado, y si se hace sin prisa mejor. Los espacios de silencio son lo mejor de la oración, de la escucha a lo que Dios nos dice y el tiempo de preparación para lo que le queremos decir a Él. En el primer Misterio Doloroso, La oración en el Huerto, tenemos una magnifica enseñanza sobre el silencio, Jesús pronuncia unas pocas palabras en un largo tiempo de oración.

Signos y oraciones introductorios:

La señal de la Cruz.- siente que te unes en la cruz a Cristo, a su vida, a su amor, a su muerte y resurrección. No es un signo más, no se hace a la ligera, invocamos a la tres Personas de la Trinidad, es bendición personal y adoración, que se muestra también con la inclinación de cabeza.

Credo: cada frase es un profundo examen de Fe. Siendo sinceros con nosotros mismos encontraremos los rincones del alma que necesitan Luz. Cristo es la Luz, pero yo le tengo que abrir la puerta. La Fe tiene que estar firmemente informada, meditada y asumida. No se puede creer lo que no se conoce (Haz un silencio mientras abres tus puertas a la Luz). “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”. En las últimas palabras el Credo es afirmacion de la Gracia: “el perdón….la resurrección…la vida eterna”.
Invocación: Señor, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza. Con este ruego y afirmación, tomado del la Liturgia de las Horas, nos introducimos en una de las facetas del rosario, la de ser salterio o alabanza.

D. Francisco  Castillo Álvarez .
DEL GRUPO DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA