lunes, 5 de diciembre de 2011

LETANIAS Y JACULATORIAS

Letanías y Jaculatorias.

Jaculatoria significa flecha pequeña o dardo. Se trata de oraciones cortas, tanto de alabanza como de suplica, ejemplos de ellas son: "Ave María Purísima…", "María, madre de Gracia….", "Corazón de Jesús, en vos confió". También se usaron y usan como saludo entre religiosos y entre seglares: "a la paz de Dios",  "Dios te guarde", "Paz y bien", etc. Las letanías son oraciones por si mismas, las hay de súplica y de alabanza, letanía significa rogativa.

Se caracterizan por tener concordancia, seguir un esquema ordenado y secuencial, y por tener respuesta, a cada frase-oración de la secuencia, que dice el versiculario se le responde con una misma frase (responsal), ejemplo de ello es la letanía Lauretana “V/. Santa María  R/. ruega por nosotros”.
Las letanías llegaron a ser tantas, y muchas de ellas de dudosa ortodoxia, que en 1601 el Papa Clemente VIII prohibió todas, con excepción de las incluidas en el Misal, el Breviario, y las que se decían en la Basílica santuario  de la Santa Casa, conocido como de Loreto (lauretanas) por estar en esta ciudad italiana.

El Papa León XIII le dedicó once encíclicas al Rosario, en una de ellas publicada en 1883, recomendó que durante el mes de octubre (mes del Rosario) se dijera la letanía Lauretana después del rezar el Rosario. Este hecho ha devenido en creer que la letanía es una parte o un apéndice del Rosario, siendo en realidad dos oraciones independientes, que pueden rezarse juntas o no. Las letanías son oraciones puramente vocales y, por su propia estructura, mas adecuadas para ser dichas en procesiones o de forma coral en las solemnidades para las que están creadas.
 
De la naturaleza misma del Rosario, como oración fundamentalmente contemplativa, han hablado tanto Pablo VI, como Juan Pablo II.

Después del concilio Vaticano II, Pablo VI publicó la EXHORTACIÓN APOSTÓLICA MARIALIS CULTUS PARA LA RECTA ORDENACIÓN Y DESARROLLO DEL CULTO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, en ella hay una sección dedicada al Rosario, de esta adjunto mas adelante algunos párrafos especialmente significativos. En ellos se establece y define el cuerpo del Rosario, son muy interesantes las indicaciones de Pablo VI y nos pueden orientar en la confusión que se crea entre jaculatorias, letanías y rosario. Todas ellas son oraciones, con su propia importancia y uso, tal vez la costumbre de mezclarlas les reste oportunidad, significado y esplendor a cada una.
E.A. Marialis Cultus (la numeración que precede al párrafo es la que corresponde en el texto de la Exortacion):

43. Nuestro asiduo interés por el Rosario nos ha movido a seguir con atención los numerosos congresos dedicados en estos últimos años a la pastoral del Rosario en el mundo contemporáneo: congresos promovidos por asociaciones y por hombres que sienten entrañablemente tal devoción y en los que han tomado parte obispos, presbíteros, religiosos y seglares de probada experiencia y de acreditado sentido eclesial. Entre ellos es justo recordar a los Hijos de Santo Domingo, por tradición custodios y propagadores de tan saludable devoción. A los trabajos de los congresos se han unido las investigaciones de los historiadores, llevadas a cabo no para definir con intenciones casi arqueológicas la forma primitiva del Rosario, sino para captar su intuición originaria, su energía primera, su estructura esencial. De tales congresos e investigaciones han aparecido más nítidamente las características primarias del Rosario, sus elementos esenciales y su mutua relación.
44. Así, por ejemplo, se ha puesto en más clara luz la índole evangélica del Rosario, en cuanto saca del Evangelio el enunciado de los misterios y las fórmulas principales; se inspira en el Evangelio para sugerir, partiendo del gozoso saludo del Ángel y del religioso consentimiento de la Virgen, la actitud con que debe recitarlo el fiel; y continúa proponiendo, en la sucesión armoniosa de las Ave Marías, un misterio fundamental del Evangelio —la Encarnación del Verbo— en el momento decisivo de la Anunciación hecha a María. Oración evangélica por tanto el Rosario, como hoy día, quizá más que en el pasado, gustan definirlo los pastores y los estudiosos.
49. El Rosario, según la tradición admitida por nuestros Predecesor S. Pío V y por él propuesta autorizadamente, consta de varios elementos orgánicamente dispuestos:
a) la contemplación, en comunión con María, de una serie de misterios de la salvación, sabiamente distribuidos en tres ciclos que expresan el gozo de los tiempos mesiánicos, el dolor salvífico de Cristo, la gloria del Resucitado que inunda la Iglesia; contemplación que, por su naturaleza, lleva a la reflexión práctica y a estimulante norma de vida;
b) la oración dominical o Padrenuestro, que por su inmenso valor es fundamental en la plegaria cristiana y la ennoblece en sus diversas expresiones;
c) la sucesión litánica del Avemaría, que está compuesta por el saludo del Ángel a la Virgen (Cf. Lc 1,28) y la alabanza obsequiosa del santa Isabel (Cf. Lc 1,42), a la cual sigue la súplica eclesial Santa María. La serie continuada de las Avemarías es una característica peculiar del Rosario y su número, en le forma típica y plenaria de ciento cincuenta, presenta cierta analogía con el Salterio y es un dato que se remonta a los orígenes mismos de este piadoso ejercicio. Pero tal número, según una comprobada costumbre, se distribuye —dividido en decenas para cada misterio— en los tres ciclos de los que hablamos antes, dando lugar a la conocida forma del Rosario compuesto por cincuenta Avemarías, que se ha convertido en la medida habitual de la práctica del mismo y que ha sido así adoptado por la piedad popular y aprobado por la Autoridad pontificia, que lo enriqueció también con numerosas indulgencias;
d) la doxología Gloria al Padre que, en conformidad con una orientación común de la piedad cristiana, termina la oración con la glorificación de Dios, uno y trino, "de quien, por quien y en quien subsiste todo" (Cf. Rom 11,36).



50. Estos son los elementos del santo Rosario. Cada uno de ellos tiene su índole propia que bien comprendida y valorada, debe reflejarse en el rezo, para que el Rosario exprese toda su riqueza y variedad. Será, pues, ponderado en la oración dominical; lírico y laudatorio en el calmo pasar de las Avemarías; contemplativo en la atenta reflexión sobre los misterios; implorante en la súplica; adorante en la doxología. Y esto, en cada uno de los modos en que se suele rezar el Rosario: o privadamente, recogiéndose el que ora en la intimidad con su Señor; o comunitariamente, en familia o entre los fieles reunidos en grupo para crear las condiciones de una particular presencia del Señor (cf. Mt 18, 20); o públicamente, en asambleas convocadas para la comunidad eclesial.



FRANCISCO CASTILLO ALVAREZ
DOMINICOS SEGLARES DE CANDELARIA

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