martes, 29 de noviembre de 2011

ORAR EL MISTERIO


Los Misterios del Rosario
Dice el diccionario que misterio es “cosa inaccesible a la razón y que debe ser objeto de fe”. San Alberto Magno, OP., no enseña a utilizar la razón, en todo y, sobre todo, en materia de Fe. Nos dice que por medio de la razón puede conocerse a Dios; todo lo creado procede de Dios, la Causa (Dios) tiene su reflejo en lo causado (creaturas), por ello en lo causado tenemos, aunque pequeños, magníficos reflejos de la Causa.
Siguiendo con san Alberto podemos afirmar que en los Misterios del Rosario, en la Palabra de Dios que contienen, vemos el plan divino de la Gracia. En esos relatos del nacimiento, vida, muerte, resurrección y glorificación de Jesús, vemos el Amor y, si los miramos con la razón, su Causa.



A la pregunta de Tomas Jesús responde: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».  Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta».  Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?. El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: «Muéstranos al Padre»?  ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. (Juan 14, 6-11)

Como en la Lectio Divina debemos seguir los pasos que nos llevan a la contemplación, estos son la lectura, meditación, y oración, y en el más puro carisma de santo Domingo, a dar lo contemplado, es decir amar a Cristo y vivir el Amor.

Camino sin retorno
Para volver al mismo sitio,
No ya de la misma manera,
Siendo a un tiempo otro y el mismo.
Volvemos al Misterio del que partimos,
Misterio que nos sostuvo mientras vivimos.

Sé, Dios, Tu mismo en nosotros.
Encarnado compañero que te hiciste peregrino,
Dios del amor y de la vida,
Que recorriste, como nosotros, este mismo camino.

Lectura del misterio: se debe hacer completa, una o dos frases no contienen toda visión de un texto, más aun cuando ese texto relata un momento transcendente de la historia de la salvación. La propia lectura es conversación, diálogo entre Dios y el hombre, es Palabra de Dios.



Meditación del misterio: a la meditatio se le llama también ruminatio. Hace referencia a la rumia de algunos animales que, para sacar todo el alimento al pasto que comen, mastican y digieren, vuelven a traerlo a la boca y comienzan de nuevo. Rumiar La Palabra es entrar en ella y releerla hasta sacarle toda la “sustancia”.

Orar el misterio: es dejarse llenar de su contenido, vivir en primera persona su historia, unirse a Cristo y dejarse llenar de él. Sentarte junto a María en La Anunciación, adorar en el pesebre de Belén, ser el cirineo. También entender si eres coronado de espinas o eres de los que azotan, si eres de los que gritan “crucifícalo” o estas pidiéndole desde tu cruz que se acuerde de ti, si eres de los que esperan la Resurrección o de los que vigilan la tumba para que no se hable de la Gracia.



Contemplar el misterio: es la conversación, el diálogo, íntimo entre Dios y tu. En la contemplación Dios nos habla con las palabras que hemos leído, meditado y orado, y con las mismas nosotros hablamos con El. La Palabra es el lenguaje en que se habla con Dios.
Dar lo contemplado es amar con el Amor que nos ama. Es dar a los demás del alimento con que nos hemos alimentado, practicar la misericordia, compartir a Cristo en Cristo.

Francisco Castillo Álvarez
Dominicos Seglares de Candelaria

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